LA SERRANÍA DE GUADALAJARA, Y SUS CRONISTAS. Dionisio Rodríguez Chicharro, de Miedes, fue uno de los autores más prolíficos de la provincia.

LA SERRANÍA DE GUADALAJARA, Y SUS CRONISTAS.
Dionisio Rodríguez Chicharro, de Miedes, fue uno de los autores más prolíficos de la provincia.


     Uno de los personajes más llamativos que ha dejado la historia de Miedes a lo largo del siglo XIX es quizá quien fuese uno de sus secretarios municipales, Dionisio Rodríguez Chicharro.

   Dotado para la ciencia y el estudio, dedicó una gran parte de su vida a ir recopilando datos sobre las poblaciones de la provincia de Guadalajara, más sobre las que en algún momento de tuvieron algo que ver con el Común de Villa y Tierra de Atienza, centrándose en los últimos momentos con aquellas otras que desde el Común de Atienza fueron a pasar a los señoríos de los Mendoza.

                          La Serranía de Guadalajara y sus cronistas, en Guadalajara en la Memoria


   Nació en Miedes a comienzos del siglo XIX, desconocemos todos los aspectos referidos a su infancia, si bien podemos situarla en ese entorno, donde su padre ejerció cargos públicos en algunos Ayuntamientos de la zona, Hijes, Ujados, Campisábalos, Miedes, Bañuelos, etc.

   A mediados de siglo era secretario del Ayuntamiento de Miedes, cargo que desempeñó durante cerca de treinta años, con ligeras interrupciones, en las que ejerció el mismo cargo en poblaciones como Torija. E igualmente, hacía la década de 1840-1850 aparece en alguna documentación municipal de la villa de Atienza. Coincidió su estancia en esas tres poblaciones principales, Atienza, Miedes y Torija, con el interés demostrado por algunos investigadores, en resaltar la historia de nuestras poblaciones, principalmente con destino a los Diccionarios y Enciclopedias que comenzaron a editarse desde los años finales del siglo XVIII,

   Poco era lo que hasta entonces se había investigado sobre la villa de Atienza, o escrito, en cuanto a su pasado histórico, referenciándose hasta ese momento una obra, la “Historia de la Villa de Atienza”, escrita por Francisco de Soto y Vergara en 1685. Dionisio Rodríguez Chicharro, con los estudios anteriores, compondrá, a mediados del siglo XIX otra interesante y completa “Relación Historial de la Villa de Atienza”, al parecer concienzudamente trabajada.


   La “historia de Atienza” de Rodríguez Chicharro, formaba parte del complemento a su “Historia de Miedes”, incluyendo los escudos de armas que entonces podían verse en las fachadas de algunas nobles casonas atencinas; un completo mapa callejero de Atienza, trabajos históricos sobre la villa, sus personajes, e incluso una completa crónica de la Atienza de la primera mitad del siglo XIX.

   El interés de quien fuese cronista provincial, Juan Catalina García López, por llevar a la imprenta y conocimiento general alguna de sus obras le llevó a ponerse en contacto con el Ayuntamiento de Miedes hacía 1870, en solicitud de datos. Recibiendo una completa información histórica de parte de Rodríguez Chicharro, quien le ofreció la posibilidad de conocer su obra. Lo que se llevó a cabo con motivo de la Exposición Provincial de Guadalajara llevada a cabo en 1876.

   En aquella, celebrada en el Palacio del Infantado de Guadalajara a lo largo de varias jornadas entre los meses de octubre y noviembre, se expuso todo lo mejor, en cuanto a industria, agricultura, ganadería, mineralogía, etc., de la provincia, juntamente con la obra de escritores o pintores. La participación de Juan Catalina animó a que Dionisio Rodríguez Chicharro diese a conocer su gran obra sobre la provincia en general y la Serranía de Atienza en particular, que fue resumida en apenas unas líneas, cuando a Rodríguez Chicharro, por su meritísimos trabajos, se le premió con una de las medallas de la exposición:

  La afición de D. Dionisio Rodríguez Chicharro, Secretario del Ayuntamiento de Miedes, a registrar los hechos notables de las poblaciones, acreditada en sus Historias y Memorias, le han hecho acreedor a una medalla.

  Son aquellas  una breve “Historia de Miedes”, aumentada con una “Relación Historial de la Villa de Atienza”, las armas y plano de esta, varios trabajos históricos sobre la misma, “Noticias de la villa de Hijes”, “Notas acerca de la ejecutoria de nobleza de los Álvarez”, “Culto en Torija a Nuestra Señora de Sopetrán”, árbol de parentesco del autor, copia de un “Memorial a favor del Conde de Aguilar”, y resumen de la riqueza imponible de la provincia de Guadalajara en 1852”.

   Aparte de estos trabajos, Dionisio Rodríguez Chicharro había compuesto una “Memoria de Hiendelaencina”, que subtituló como “ligero manuscrito en que se da cuenta del estado anterior y presente de la población”, escrito en 1865; y otro manuscrito al que dio el título de “Sobre las armas y blasones con que se ilustran y conocen algunas ciudades y villas de esta provincia, para sustentar sus glorias, progresos y memoria”. Dicho manuscrito compendiaba la historia de Guadalajara, Molina, Sigüenza, Brihuega, Cogolludo, Horche y Cifuentes.

   La reseña de la concesión de la medalla continuaba diciendo: El autor ha ido apuntando lo que creía propio para ser apuntado y ha trascrito lo que constaba en diferentes publicaciones, y le ha parecido pertinente a su objeto. Es una reunión de datos más o menos curiosos que en su día podrán aprovecharse y cuya curiosidad justo es que se recompense para que continúe su tarea.”.

   Ninguna de aquellas obras se imprimió para conocimiento general, y tan solo conocemos que una de ellas “Armas y blasones con que se ilustran y conocen algunas ciudades y villas de esta provincia para sustentar sus glorias, progresos y memoria”, fue preparada para ser impresa a partir de 1877. Lo que tampoco se llevó a efecto.

   Probablemente, la muerte de Dionisio Rodríguez Chicharro, en Miedes, al final de aquella década o comienzos de la siguiente, nos privó de conocer la amplitud de sus trabajos.

   Quizá parte de culpa en que aquellas obras no viesen la luz debió de estar en la alcaldía del municipio, ya que la relación última entre Ayuntamiento y Secretario estuvo plagada de incidentes. A la jubilación de Rodríguez Chicharro, en los primeros meses de 1874, el Ayuntamiento le dejó a deber algunas cantidades de años atrasados que don Dionisio se encargó de reclamar y los sucesivos alcaldes de no atender a la reclamación. Recurriendo el Sr. Rodríguez Chicharro a la Diputación Provincial, la cual, en pleno, acordó dar un plazo de ocho días al Ayuntamiento para que se pusiese al día en aquello de las deudas atrasadas, al tiempo que acordaba que se amoneste a dicho ayuntamiento para que en lo sucesivo procure tener cubiertas con la debida regularidad sus atenciones, y evite el que se produzcan reclamaciones de esta naturaleza.

   Algo que el Ayuntamiento, presidido entonces por don Higinio de Águeda, no cumplió, siendo nuevamente requerido en el mes de julio a fin de que se cumpliesen los acuerdos, dando la Diputación, en este caso, tres días para el cumplimiento, además se le impondrá el máximum de la muta que autoriza la ley.



   La Secretaría había sido ya adjudicada en concurso a don Mariano Vesperinas, con una dotación económica de 500 pesetas anuales y quien, tal vez alentado por el Rodríguez Chicharro, o viendo el mal cariz que tomaban los asuntos municipales en cuanto a los pagos, decidió dimitir de su cargo pocos meses después, mientras el pleito entre nuestro hombre y su municipio se mantenía vivo a través del tiempo, de forma que desde la Diputación provincial se instó a ambas partes a someterse al dictamen de la primera institución de la provincia, ya que mientras el Ayuntamiento afirmaba haber cumplido todos sus pagos, no mantenía lo mismo quien fuese secretario.

   Ambas partes se reunieron en Diputación el 15 de marzo de 1876, sin que hubiese acuerdo. Haciendo que, como se tardase en solventar, y a modo de cobrarse lo que se le debía, Rodríguez Chicharro dejó de pagar los impuestos municipales, por lo que, en el mes de agosto de 1878, le fueron embargados parte de sus bienes.

   Desconocemos el final del pleito. Lo cierto es que, una vez se materializó el embargo, Rodríguez Chicharro dejó en suspenso toda su obra. Probablemente perdida en aquel farragoso pleito en el que llegó a intervenir incluso el ministerio de la Gobernación, a través de Real orden firmada por su ministro, Romero Robledo, con fecha 8 de marzo de 1877, dirigida al Gobernador de Guadalajara para que este ordenase el cumplimiento de los acuerdos al Ayuntamiento de Miedes y cumpliese con Dionisio Rodríguez, anulando los acuerdos de la Diputación.

   Y de aquella manera perdió la provincia, y la Serranía, a uno de sus sin duda mejores y más prolíficos autores; que no han sido muchos los que por esta tierra dejaron sus crónicas para que los de nuestros tiempos conociésemos la vida de un siglo en el que, tal vez, escribir resultaba mucho más sencillo que tener una buena relación con el alcalde de turno.

Tomás Gismera Velasco
Guadalajara en la Memoria
Periódico nueva Alcarria
Guadalajara, 23 de agosto de 2019

MEMORIA DE LA IGLESIA DE MIEDES DE ATIENZA. Fue bendecida el 21 de diciembre de 1794

MEMORIA DE LA IGLESIA DE MIEDES DE ATIENZA.
Fue bendecida el 21 de diciembre de 1794


   Doscientos veinticuatro años se cumplen desde que fue bendecida e inaugurada de manera oficial la iglesia de Miedes de Atienza, después de que, tras casi catorce años de obras, fuese levantada de nueva planta.

   Aquel 21 de diciembre de1794 y el siguiente 22, la práctica totalidad de los vecinos pueblo, a excepción de una familia y sus más allegados, hicieron las correspondientes procesiones de sus casas a la iglesia y de la iglesia a la ermita de la Soledad y vuelta a la iglesia, mientras repicaban alegres las campanas por la solemnidad de los días, y los curas párrocos, don José Villavieja y don Isidro Sanz, tras las bendiciones y la colocación en el Sagrario del Santísimo, pasaban a la historia local.



   La iglesia es uno de esos monumentos del barroco provincial, menos valorado de lo que debiera y que siempre merece, como toda esta parte de la provincia, una visita para descubrir lo mucho que por aquí se guarda. Es, junto a la de Membrillera, obra de uno de los grandes arquitectos madrileños de su tiempo, Manuel Machuca de Vargas, discípulo de Ventura Rodríguez y autor de numerosas obras en el Madrid de finales del siglo XVIII.

   Su elección como arquitecto llegó a consecuencia de numerosas disputas, que terminaron dirimiéndose con su nombramiento oficial por cuenta de la Real Academia de San Fernando; después de que, contratadas las obras según costumbre con  un constructor de la comarca, uno de los obreros que con él trabajaban lo acusó de no emplear los mejores materiales en la obra, con el riesgo que aquello suponía para una construcción de semejante envergadura. Acusación que se llevaba a cabo poniendo como ejemplo un suceso que tuvo lugar en Villarramiel (Palencia), donde el 2 de febrero de 1776 se hundió la iglesia del pueblo llevándose por delante la vida de un centenar de sus habitantes.

   No eran los planes previstos para la edificación los que finalmente se llevaron a cabo; tampoco el coste de la obra. Pues de lo que se trataba en un principio era de adecentar lo mejor posible la antigua iglesia románica que, como en tantos otros lugares, se caía a pedazos. Por estos mismos tiempos se comenzaban obras en poblaciones cercanas, como Villacadima, Cantalojas o Galve, en donde sus primitivas iglesias se derrumbaban por falta de  las correspondientes obras de mejora.

Desde la ermita de la Soledad se trasladó el Santísimo a la nueva iglesia, el 22 de diciembre de 1794


   La de Miedes se comenzó a levantar en 1780, con un presupuesto inicial de 27.800 reales; cantidad de la que sin necesidad de hipotecarse, podía disponer más o menos la iglesia. Ajustándose las obras con el constructor seguntino Julián Armero quien comenzó a levantar las paredes y forjar los techos hasta el día aquel en el que el cantero dichoso, Ignacio Chavarría se llamaba, lanzó lo de que la obra se estaba llevando a cabo de manera fraudulenta.

   El miedo, que tanto poder tiene, hizo detener las obras, hasta que los exámenes correspondientes dijesen si lo llevado a cabo estaba mal o bien; sin que se pusiesen de acuerdo los examinadores, por lo que finalmente, y tras meses de paro, con el deterioro correspondiente de lo llevado a cabo, dictaminó la Real Academia. El encargado de hacer el dictamen oficial fue el arquitecto Luis Bernasconi, quien desde su residencia en Burgo de Osma se trasladó a Miedes en 1782 para decir que las obras, efectivamente, no iban bien, por lo que hubo de desmontarse parte de lo realizado, para comenzar de nuevo con mejores materiales y diseño. Siendo el encargado de la traza y la elección de la piedra nuestro ya conocido Manuel Machuca de Vargas, quien pidió que fuese la piedra de Somolinos, al parecer mucho mejor que la de Tamajón con la que entonces se trabajaba.

   Pasaron, desde que se interrumpieron las obras hasta que se reanudaron nuevamente, tras los pleitos correspondientes habidos en reclamar al constructor lo mal edificado, prácticamente diez años, durante los cuales los vecinos de Miedes se encontraron compuestos y sin lugar de culto, a excepción de la ermita de la Soledad, a donde se trasladó el Santísimo cuando comenzaron los primeros desmontes de la iglesia. Ermita que no era capaz de cobijar a la numerosa feligresía local, que seguía mayoritariamente los oficios desde el exterior, que bien estaba en el verano, pero el invierno largo y frío tenía sus consecuencias, por lo que un buen hacendado local, don José Veladíez, se prestó para convertir las salas de la planta baja de su casa, en iglesia temporal.

La casa de don José Veladíez se convirtió, por algún tiempo, en iglesia local


   Fue a la casa hoy Ayuntamiento donde, con el beneplácito de los curas locales, se trasladó el Santísimo y comenzaron a decirse los oficios religiosos. La sala de don José de Veladíez se amplió con la colindante de sus familiares, con lo que quedó un local con la suficiente amplitud como para reunir en él al pueblo entero.

   Era este hombre, don José, uno de los potentados no sólo locales,  también comarcales. Su poder casi podía decirse que no conocía fronteras en este rincón serrano de Guadalajara, por lo que no sólo comenzó a imponer condiciones al concejo, del que formaba parte, sino que igualmente a ordenar alguna que otra cosa al señor cura, terminando por exigir que en la iglesia se le tendría que dejar el mejor lugar para levantar su capilla, que pasaría a ser,  con el tiempo, su panteón funerario. Capilla y panteón que debía de rivalizar en magnificencia al de los otros hacendados locales, los Recacha; llegando sus exigencias al punto de que el señor cura, harto de ellas, tomó al Santísimo y se volvió de nuevo a la ermita de la Soledad, con todos sus feligreses e incomodidades a cuestas, pero dispuesto a no transigir.

   Por fin, y tras aquellos trece años y algunos meses de obras y suspensiones, llegó el soñado 21 de diciembre de 1794 en que se bendijo el nuevo templo; y el 22, en que se trasladó al Santísimo a su nueva casa: a las diez de la mañana precedido de grande repique de campanas, acompañamiento de ministros, cofradías y cuasi todo el pueblo, y se concluyó la función con una misa solemne con diáconos y acólitos…

    Cuasi todo el pueblo, pues los Beladíez al completo se negaron a asistir, por aquellas disputas que llevó don José hasta el último día de su vida.

El 21 de diciembre de 1794 fue bendecida la iglesia de Miedes de Atienza


   Las obras, que habían de durar un máximo de dos años y algunos meses se prolongaron dejando, al final, una de las iglesias más hermosas del rincón de la sierra, aunque como la de San Juan de Atienza sin concluir, temiendo que rematarse su interior de la mejor manera que se pudo, pero nunca como se soñó, pues aquellos 27.800 reales del presupuesto original se convirtieron, al final, en 300.000, que llevaron a la práctica ruina al municipio, teniendo que recurrir a un préstamo del marqués de Velamazán, que puso la mayor parte; otro de la iglesia de Jadraque, que añadió 8.000 reales y un tercero de la iglesia de la Trinidad de Atienza, que aportó otros 60.000. Más de treinta años tardó el municipio en devolver lo prestado.

   Y quiso la desgracia que, quizá para confirmar que lo labrado por el seguntino Julián Armero no estaba tan claro como este dijo, lo único que no se tocó de su obra, la torre, se vino abajo el 31 de mayo de 1834, teniendo que ser suplida por otra de madera que finalmente, en los inicios del siglo XX, se convirtió en la que en la actualidad, domina el caserío.

Tomás Gismera Velasco
Guadalajara en la memoria
Periódico Nueva Alcarria
Guadalajara, 21 de diciembre de 2018


MIEDES DE ATIENZA. LA TIERRA QUE EL CID CABALGÓ

MIEDES DE ATIENZA
La tierra que el Cid cabalgó
El libro que  cuenta el hoy y el ayer de la localidad serrana

      Tiene, Miedes de Atienza, un cierto aire de ciudad en miniatura. De pueblo grande con historia escondida tras cada una de las grandes casonas que orlan la gran plaza en la que ahora se sitúa su Ayuntamiento, y en torno a la cual, actualmente, se desarrolla gran parte de su vida. A don José de Veladíez y Ortega de Castro le hubiese gustado verlo. Ver cómo todo gira, en Miedes de Atienza, en torno a su gran casa; como cuando él se encontraba entre los vivos y se asomaba a sus balcones para dirigirlo todo desde ellos; lo de acá, y lo de allá.




    La de don José de Veladíez era quizá una de las casas más grandes de la villa, y puede que de la comarca; sin que quedasen atrás las de sus hijos, que custodian la primitiva; la de don Francisco, por la izquierda y la de don Roque, por la derecha.

   Los tiempos de estos personajes coinciden con el del auge del precio de la lana, que fue el sostén de su fortuna. Don José, que paralizó las obras de la iglesia cuando se reconstruyó de nueva planta en el último tercio del siglo XVIII, para mayor gloria de su apellido se hizo construir una capilla, en pugna con otro de los potentados del lugar, don Juan Recacha.
   Nada que ver,  estos prohombres de apellido ilustre en la serranía, con don Lucas González, otro de los nacidos en la villa con anhelo de capital serrana. Don Lucas, que se hizo sacerdote en Sigüenza y encargó a sus testamentarios la fundación de un colegio en Alcalá de Henares para que estudiasen sus paisanos.


   También ha dado personajes de novela negra este Miedes que hoy es sombra de lo que fue, pues de aquí salió uno de los personajes más curiosos, y novelescos, que ha dado el siglo XX español, Laureano que murió como los grandes espías de novela policiaca; acribillado a tiros a las puertas de un café de París el día de su cumpleaños. La causa de la muerte: ajuste de cuentas.

   Aunque sin duda el gran personaje que ha marcado para los restos este entorno no es otro que Rodrigo de Vivar, a quien nadie, con anterioridad a la primavera de 1903 conocía por estos pagos.

   Son, qué duda cabe, memoria, historias, recuerdos de un pueblo. Páginas de un libro que traza su vida pasada y rememora la de quienes lo habitaron. Y es que, como tantos otros, Miedes de Atienza,  tiene ya el trazo de su vida recogida en papel de libro, conese sugestivo subtítulo: “La tierra que el Cid cabalgó”. Donde caben el ayer y el hoy, la villa y su tierra, y hacen presente, para quienes no lo conocieron, el pasado de una tierra hermosa. De una solemne villa que, un día no tan lejano, soñó con ser ciudad.







Este, es su sumario:


LA HISTORIA  / 11

Un apunte geográfico, y algo más / 11

Sobre los tiempos primitivos / 15

La Reconquista / 18



EL SEÑORÍO DE MIEDES  / 27

Iñigo López de Orozco. ¿Primer Señor de Miedes? /27

Gastón de la Cerda, Señor de Miedes /32

El Señorío de Miedes en el tiempo / 35

TIEMPOS RECIENTES  / 47
La Época Moderna /47
La Época Contemporánea / 53
Miedes, cabeza de partido judicial / 57
Un mercado para Miedes / 59
Miedes y las Guerras Carlistas / 61
El censo de población en el transcurso del tiempo / 65
EL PATRIMONIO RELIGIOSO  / 67
La Iglesia / 67

LOS SERVICIOS CONCEJILES Y ASISTENCIALES  / 99
El Hospital de la Santa Cruz /99
La fragua o herrería / 102
El molino harinero / 104
El horno de pan cocer, u horno de poia / 106
La carnicería /107
Las fuentes /108
El Pósito /109
La Cátedra de Gramática y Latinidad y la Obra Pía de Don Francisco Somolinos /111
Memoria de Don Domingo Aparicio /114

ARQUITECTURA CIVIL  / 119
Las Casonas /119

LOS VELADÍEZ, O BELADÍEZ / 129
Noticia General /129
Beladíez, o Veladíez, que fueron historia /135
José María Beladíez Herrera /135
Joaquín María Beladíez Herrera /137
Roque María Beladíez Herrera /140

 

PERSONAJES PARA LA HISTORIA DE MIEDES  / 143
EL CID EN MIEDES  / 177

UN TEATRO PARA MIEDES  / 187

MIEDES, CRÓNICA DEL SIGLO XIX  / 197

MIEDES, CRÓNICA DEL SIGLO XX  / 209

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA  / 295






   Al libro accedes pulsando aquí, o en los enlaces que te llevan a él.  Cómodamente y sin molestías, en dos o tres días, lo tienes en tu casa. Forma parte de la nueva forma de edición coonocida como "Impresión bajo demanda", ya que de otra forma no sería posible, como no lo ha sido hasta ahora, poner a disposición del curioso, estudioso o lector, este tipo de obras.

   Su autor, Tomás Gismera, y su obra, han sido reconocidos en numerosas ocasiones, destacando premios recibidos como el "Alvaro de Luna", de historia, de la provincia de Cuenca, ( en dos ocasiones); "Eugenio Hermoso" (de Badajoz); "Serrano del Año" de la Asociación Serranía de Guadalajara", "Popular en Historia", del Semanario Nueva Alcarria; "Melero Alcarreño", de la desaparecida Casa de Guadalajara en Madrid; Alonso Quijano de Castilla la Mancha; Turismo Medioambiental del Moncayo, de Zaragoza; Paradores Nacionales; Radio Nacional de España;  Primer Encuentro Nacional de Novela Histórica; Recreación Literaria de Córdoba; Hispania de novela hisórica; Federación Madrileña de Casas Regionales; etc.

   En la actualidad es colaborador ocasional de varios medios de prensa, radio y televisión de Castilla-La Mancha y Castilla-León;  siendo habitual su firma, semanal, en el bisemanario de Guadalajara "Nueva Alcarria", edición papel, en donde lleva a cabo la sección "Guadalajara en la memoria"; así como en el digital "Henares al Día"; donde tiene a su cargo la sección "Gentes de Guadalajara"; habiendo sido colaborador de otros medios como "Cultura en Guada"; "Arriaca", Cuadernos de etnología de Guadalara, de donde ha sido vocal del Consejo de Redacción; etc. Siendo fundador, coordinador y director de la revista digital Atienza de los Juglares, de perioricidad mensual, fundada en 2009, y reconocida como una de las mejores, en este contexto, editadas en la provincia de Guadalajara, de repercusión nacional y carácter altruista.




 

MIEDES DE ATIENZA. MEMORIA DE DON JORGE DE LA GUARDIA. Y del teatro; y de don Juan Tenorio.

MIEDES DE ATIENZA. MEMORIA DE DON JORGE DE LA GUARDIA.
Y del teatro; y de don Juan Tenorio.


   Si don Jorge de la Guardia, que fue uno de aquellos personajes que dedicaron parte de su vida a forjar la Serranía de Atienza tal y como hoy la conocemos levantase la cabeza, sin duda que nos corría a sopapos. Porque don Jorge de la Guardia, además de forjador de una parte de la Serranía de Atienza, de ser pintor, dibujante, escritor, periodista, industrial, actor, coleccionista de sellos, médico, y unas cuantas cosas más, tenía un genio bastante arisco que heredaron sus hijos. Sobre todo don Paulino, quien también fue médico; como su padre, por Galve de Sorbe, Albendiego, Miedes, su entorno y, por último, antes de abandonar la provincia, Jadraque. Y no consentiría ver sus pueblos despoblados.



Miedes de Atienza. La Tierra que el Cid cabalgó. pulsa aquí, e irás al libro

   Don Jorge no nació por estos pagos, lo hizo en Málaga, aunque en estos desarrolló lo más importante de su labor. Por aquí se casó con doña Paulina, una de las hijas del anterior médico de Miedes, don Paulino Izquierdo, y por aquí dejó a toda su descendencia. En tiempos en los que los médicos se casaban con las hijas de los médicos, como las maestras lo hacían con los maestros.

Jorge de la Guardia, caricaturizado por sí mismo


   Llegó en 1890 como médico de Galve, después de concluir en Madrid la carrera, y desde entonces no cesó de hacer cosas. Un día se paseó por la ermita de la Soledad, de Higes, y la decoró con sus pinturas. Unas pinturas que, para desgracia de nuestros tiempos, ya están más que perdidas. Y es que no tardó en mostrar el genio de dibujante, y de pintor, que llevaba dentro. Tanto que fue, como entonces se denominó, colaborador artístico de la mayoría de los semanarios provinciales de su tiempo. Y terminó sus días, en la década de 1920, en Madrid, exponiendo su obra pictórica en el Círculo de Bellas Artes, como integrante del colectivo madrileño de “médicos artistas”. 


   Claro que sí. Que también fue uno de los fundadores de una de aquellas revistas “festivas y literarias” que en los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX se pasearon por la provincia, la que se tituló, en Atienza, “Atienza Ilustrada”; en Jadraque, “La Alcarria Ilustrada”, y fue, en Brihuega, el germen del Briocense, de la mano, entre otros, de don Eduardo Contreras.

   Cuando don Jorge llegó a Miedes fue recibido con los brazos abiertos. Entre otras cosas porque su suegro, don Paulino, había invertido todo su capital a lo largo del siglo en adquirir gran parte de las propiedades desamortizadas a cofradías, iglesia y fundaciones, para convertirse en uno de los mayores terratenientes de la comarca. Claro está que ya no estaban en la localidad los Beladíez, los Recacha, los Somolinos o los Lozano, que en otros tiempos fueron dueños de mediana hacienda y grandes rebaños de ovejas.


Miedes de Atienza debe mucho de su progreso a don Jorge de la Guardia

   Caballero a carta cabal fue don Jorge; y como el don Guido de Antonio Machado, gran cazador. Y político en la sombra. Tanto que de su mano salieron alcaldes, diputados y senadores. Que por aquí fue la mano de don Alvaro, conde de Romanones, con quien se partió el cobre en aquello de llevarse codornices al cinto. Tanta estima le tenía, don Jorge al conde de Romanones, que por mejor tenerlo presente bautizó con aquel nombre a uno de sus mejores reclamos de perdiz. Un perdigón que, como el conde, estaba cojo.

   También fue de aquellos industriales adelantados a su tiempo que, viendo futuro en aquello de las eléctricas, se asoció con algunos médicos más, y otras gentes de bien vivir para, desde un antiguo molino de papel, luego de harina, dar el salto a la fundación de la compañía “Eléctrica de Santa Teresa”, que repartió luz por todos estos pueblos de la Serranía de Atienza, dominados por la Sierra de Pela o las torres castilleras de Atienza. Eléctrica que, desde 1904 en que se fundó, estuvo dando luz hasta 1962.

   Don Jorge conoció, en 1893, a doña Isabel Muñoz Caravaca, revolucionaria maestra atencina; y a don Eduardo Contreras, hijo del don Bibiano, del mismo apellido, quien desde Jadraque marchó a Atienza a dirigir la oficina de Correos y Telégrafos. A más de la fundación de la revista de marras, la Atienza Ilustrada, los tres dedicaron tiempo a la escritura y a una de las aficiones que por aquellos tiempos entretenía a las gentes de los pueblos: el teatro.

   TRES LIBROS PARA CONOCER ATIENZA A FONDO.

   Don Eduardo Contreras llegó a dirigir alguna que otra obrita, y a representarla, en Jadraque; como lo hizo en Atienza, y de ahí debió de venirle a don Jorge de la Guardia el gusanillo de fundar su propia compañía “lírico-dramática”, a la que en homenaje a quien entonces triunfaba en los escenarios literarios de Madrid, don Eduardo Zamacois, dio en llamar “Compañía Lírico Dramática Zamacois”, cuyo reglamento presentó para la aprobación del señor Gobernador civil de la provincia de Guadalajara en el mes de enero de 1901. Eran tiempos en los que, por estos pueblos, surgían estas y otras manifestaciones culturales. En Somolinos le salió a don Jorge la competencia al fundarse la “Compañía Lírico Dramática, Echegaray”.

   La primera gran representación de la compañía, en un teatrito que el propio don Jorge de la Guardia montó en su casa de la calle de la Fragua fue, claro está, de ahí el título de este recordatorio, Don Juan Tenorio. Obra que ya se asimilaba a estos días en los que se recuerda a los fieles difuntos y a todos los santos.

   La representación que tuvo lugar en Miedes, entonces llamado de Pela, por la su sierra, se llevó a cabo el 2 de noviembre, festividad de los fieles difuntos, en un ambiente que a muchos gustó y a algunos disgustó. Puesto que no estaba muy claro para el pueblo en general si diversión y luto podían caminar de la misma mano.

   La obra de Zorrilla, que había salido al mundo de la escena a mitad del siglo XIX se había representado en dos o tres ocasiones en los escenarios de Guadalajara, capital; y era la primera vez que se hacía en un pueblo de la provincia. Cifuentes sería el tercer escenario en el que la obra encontraría eco, dos o tres años más tarde.

   Por supuesto. La representación de don Juan Tenorio en Miedes de Pela fue todo  un éxito. El papel de don Juan lo interpretó don Jorge, y a doña Inés la encarnó una moza de la localidad, Cándida Gil. Don Jorge se encargó también de la decoración del escenario para el que, se nos dice, pintó un impresionante cementerio.

   Todo lo contrario de lo que sucedió en la presentación de la obra en Guadalajara el 1 de noviembre de 1896, cuando el actor que interpretaba a don Juan se quedó sin voz, se arruinó la función y el público terminó pidiendo la devolución del coste de la entrada.

   Tuvo, don Jorge de la Guardia, la complicidad para el éxito de su compañía de teatro de quien fuese maestro de la localidad don Francisco Barrio, hombre también de ciencia e inquietudes serranas quien tuvo una dramática muerte, de esas que quedan para recuerdo de los tiempos. Don Francisco un buen día, dando clase a sus alumnos, dijo delante de ellos sus últimas palabras: “me muero”, y se murió en mitad de la clase de gramática, a los 39 años de edad.

El Descendimiento de Cristo, en la ermita de Higes, obra de Jorge de la Guardia


   Con la Compañía Lírica Zamacois de Miedes de Pela, don Jorge dio cuerpo a unas cuantas representaciones, y a la gran celebración que Miedes vivió para conmemorar el tercer centenario del Quijote. En Miedes organizó decenas de actos lúdicos, festivos y culturales, impartiendo conferencias literarias con las que acrecentar la cultura de sus vecinos. E incluso acompañó, en aquella aventura literaria que recorrió estas tierras, a don Ramón Menéndez Pidal cuando por el mes de mayo de 1903 se empeñó el sabio en encontrar las huellas del Cid por tierras de Miedes, y de Atienza.

   La Compañía Zamacois llegó viva, en Miedes, con sus actos y representaciones, hasta el año 1911, cuando don Jorge de la Guardia dejó la comarca para trasladarse a Madrid, como médico de la Beneficencia del distrito de la Latina.

   Lo cierto es que, don Juan Tenorio, tras el primer y desastroso estreno, primero del que tenemos noticias, en la Guadalajara de 1896, se representaría, por segunda vez, en Miedes, hoy de Atienza, entonces de Pela.

   Un año después, de nuevo en Guadalajara, y en el Coliseo Luengo, regresó don Juan Tenorio, para triunfar. Esta vez bajo la piel del actor Julio Fuentes, que fue quien en aquella ocasión le dio vida. Pero en Miedes de Pela, o de Atienza, de la mano de don Jorge de la Guardia, ya había triunfado.

Tomás Gismera Velasco
Nueva Alcarria
Guadalajara, 3 de noviembre 2017

MIEDES DE ATIENZA. La tierra que el Cid cabalgó

MIEDES DE ATIENZA.
La tierra que el Cid cabalgó


      Tiene, Miedes de Atienza, un cierto aire de ciudad en miniatura. De pueblo grande con historia escondida tras cada una de las grandes casonas que orlan la gran plaza en la que ahora se sitúa su Ayuntamiento, y en torno a la cual, actualmente, se desarrolla gran parte de su vida. A don José de Veladíez y Ortega de Castro le hubiese gustado verlo. Ver cómo todo gira, en Miedes de Atienza, en torno a su gran casa; como cuando él se encontraba entre los vivos y se asomaba a sus balcones para dirigirlo todo desde ellos; lo de acá, y lo de allá.




      Lo que tenía que ver con lo humano, y lo que tenía que ver con lo divino; puesto que en vida, cuando aquella ciudadela serrana que pugnaba por hacerse un sitio de privilegio en el mapa provincial se quedó sin iglesia, cuando la torre de Villaramiel, en la lejana Tierra de Campos palentina, aplastó bajo sus piedras el día de las Candelas a la mitad del vecindario, y por si acaso, se paralizaron las obras de la de Miedes, metió en la sala de su casa al Santísimo; y a todo el vecindario para escuchar las misas; que tamaña era que en ella cabían todos. Hasta que el señor cura se hartó de sus caprichos y se llevó al Santísimo a la ermita; con el disgusto de los vecinos, que no cabían en ella y tenían que escuchar la misa al raso. En justa correspondencia, cuando se bendijo el nuevo templo, el 21 de diciembre de 1794, don José no asistió al evento y las crónicas tuvieron que decir que asistió “casi” todo el vecindario. Por no decir que nuestro mandamás tomó las de Villadiego y se metió en su palacete de Atienza. Que en Atienza también se había edificado caserón acorde a su posición social, en calle principal.

   La de don José de Veladíez era quizá una de las más grandes de la villa, y puede que de la comarca; sin que quedasen atrás las de sus hijos, que custodian la primitiva; la de don Francisco, por la izquierda y la de don Roque, por la derecha. La de don Francisco con sus dos escudones oteando la fachada desde lo alto; la de don Roque con su mirador sobre el tejado, a la moda de la Corte. Fue la última en levantarse, en 1818, y su presupuesto fue tan elevado que los encargados de tasar la obra se echaron las manos a la cabeza por el derroche. Sucedía que don Roque María Veladíez se lo podía permitir. Desempeñaba el cargo, cuando empleó los 135.000 reales que le costó una casa que casi nunca habitó, de Tesorero Principal de Rentas de la Provincia. De aquí pasó a la Tesorería Real; a Córdoba, a Jaén, a Tarragona… Allá donde le mandó su cuñado, que fuese uno de los más conocidos ministros de Hacienda del siglo XIX, don José Canga Argüelles.


La elegante casona de don Francisco de Veladíez, con sus escudones en la fachada


   Puede que sea, a la par que ciudad en miniatura, Miedes de Atienza, una de las poblaciones que más glorias, a través de sus gentes, ha dado a los reinos de España en comparación con su número de vecinos. Pocos son, de quienes llevaron el apellido Veladíez desde la mitad del siglo XVIII, hasta los finales del XIX, los que no han dejado de inscribir su nombre en los anales de la historia. Desde aquel don José, el mayor ganadero de tierras de Atienza y parte de las provincias vecinas, pasando por todos sus hijos; José María, que representó a la provincia en las Cortes de Cádiz de 1812; Joaquín María, que fue Tesorero de la provincia y presidente de la Junta Superior de armamento; Roque, del que ya sabemos que estuvo ligado a la Hacienda Pública…; sin que faltan militares, sacerdotes o escritores.

   Y es que los tiempos de estos personajes coinciden con el del auge del precio de la lana, que fue el sostén de su fortuna. Don José, que paralizó las obras de la iglesia cuando se reconstruyó de nueva planta en el último tercio del siglo XVIII, para mayor gloria de su apellido se hizo construir una capilla, en pugna con otro de los potentados del lugar, don Juan Recacha. Y con el dolor de cabeza del arquitecto Machuca. Al final cada uno tuvo la suya propia, con la desgracia de que, pocos años después de que nuestro don José pasase a mejor vida, un terremoto, según cuentas, que se dejó sentir en nuestra villa en 1834, derrumbó la torre y arruinó la capilla. Parece que sólo se sintió aquí.
   Nada que ver,  estos prohombres de apellido ilustre en la serranía, con don Lucas González, otro de los nacidos en la villa con anhelo de capital serrana. Don Lucas, que se hizo sacerdote en Sigüenza y fue racionero de la catedral de Sevilla, poco antes de morir ordenó sus bienes, contó sus dineros y encargó a sus testamentarios la fundación de un colegio en Alcalá de Henares para que estudiasen sus paisanos. Sin pretenderlo, don Lucas está en el origen de que muchos vecinos de Miedes marchasen a estudiar, y lo hiciesen con tanto aplicamiento, que en lugar de regresar a la tierra madre marcharon a Madrid a desempeñar altos cargos en todos los estamentos de la sociedad, desde el siglo XVIII en adelante. No sólo de Miedes, también de Hijes, Ujados, Campisábalos, Galve, o los Condemios, entre otros serranos, tuvieron cabida en él.

   Quizá por ello, porque Miedes se estaba quedando sin gente, cuando don José María Veladíez regresó a su tierra y la representó como diputado en Madrid y Guadalajara, se empeñó, y logró, quitarle títulos  Atienza para dárselos a su pueblo; y por espacio de poco más de un año, porque no podía ser, Miedes se convirtió en capital de la Serranía, y cabeza del partido judicial. Si por aquellos entonces las comunicaciones hubiesen estado a otro nivel, sin duda hoy estaría Miedes por encima de Atienza. Y es que, en su apartado rincón, las carreteras no empezaron a facilitar el tránsito hasta bien avanzado el siglo XX. Que parece que nuestros mandamases provinciales tenían fijación con que las carreteras no se trazasen por aquí, sin duda para que los nativos de estos pueblos no los abandonasen. Que fue ponerlas en marcha y comenzar estos pueblos a verse ausentes de los suyos.

La plaza de Miedes, convertida en eje de la villa, con la casa de don José a la derecha, convertida en Ayuntamiento, y la de don Roque al frente con su mirador sobre el tejado


   También ha dado personajes de novela negra este Miedes que hoy es sombra de lo que fue, pues de aquí salió uno de los personajes más curiosos, y novelescos, que ha dado el siglo XX español, Laureano Cerrada, que murió como los grandes espías de novela policiaca; acribillado a tiros a las puertas de un café de París el día de su cumpleaños, y con un cigarro en la mano. Antes había llevado a cabo el más rocambolesco intento de terminar con la vida del Jefe del Estado Español en unas regatas en San Sebastián; y falsificado decenas de miles de billetes de 50 y 100 pesetas que repartió por media España después de que, en una de esas aventuras que sólo salen en las teleseries americanas, se colase en la fábrica de la moneda de Milán, donde se imprimía la moneda española, y se hiciese con las planchas de impresión. La película sobre su vida parece ser que está en marcha, y seguro que tiene tanto éxito como la corrida de toros que se celebró en Nimes mediada la década de 1950, cuando ningún aficionado de la ciudad, ni de los alrededores, se quedó sin entrada, ya que las falsificó por cientos de miles, y luego las regaló. La causa de la muerte: ajuste de cuentas.

   Aunque sin duda el gran personaje que ha marcado para los restos este entorno no es otro que Rodrigo de Vivar, a quien nadie, con anterioridad a la primavera de 1903 conocía por estos pagos. Fue el 23 de mayo cuando don Ramón Menéndez Pidal, y su esposa doña María Goyri, cayeron por aquí, en unión del señor Gobernador civil de la provincia, su hermano don Juan. Llegó para buscar el paso del Cid por estas tierras. Aquel día hubo fiesta grande y, como si acabase de suceder, pocos en Miedes eran los que no recordaron algún pasaje del medieval caballero recién descubierto. Hasta los niños de la escuela lo salieron a recibir y lo siguieron con los ojos, hasta que se perdió camino de la sierra, en busca de “las peñas del Cid”, que dicen que fue donde don Rodrigo hizo noche…

   Son, qué duda cabe, memoria, historias, recuerdos de un pueblo. Páginas de un libro que traza su vida pasada y rememora la de quienes lo habitaron. Y es que, como tantos otros, Miedes de Atienza, que también existe, tiene ya el trazo de su vida recogida en papel de libro, con ese sugestivo subtítulo: “La tierra que el Cid cabalgó”. Donde caben el ayer y el hoy, la villa y su tierra, y hacen presente, para quienes no lo conocieron, el pasado de una tierra hermosa. De una solemne villa que, un día no tan lejano, soñó con ser ciudad.
  
   Tomás Gismera Velasco
Nueva Alcarria de Guadalajara, 6 de abril, 2018

LA SERRANÍA DE GUADALAJARA, Y SUS CRONISTAS. Dionisio Rodríguez Chicharro, de Miedes, fue uno de los autores más prolíficos de la provincia.

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